domingo, 8 de febrero de 2009

Mala Persona

Hay veces que soy una mala persona. Otras, soy un poco más feliz.

Hay momentos en que la desazón no me deja respirar, en que el aire se solidifica a mi alrededor, aprisionándome, como rejas de una prisión. Hay veces que soy tan tonto que pienso que, alguna vez, todos nos hemos sentido así. Pero después me sacudo las ideas un poco, y veo claro (otra vez) que yo no soy como todos. Ni siquiera soy especial.

No siempre soy el mismo. Y ahora que me sincero, es demasiado tarde, porque ya he dejado de fiarme de lo que escribo. Ya no sé si lo que digo es mentira, o efecto de la melanconlía, pero una cosa está clara: no puede ser verdad, porque en estos tiempos que corren nada es cierto. Y ésto que aquí queda, escrito y grabado para la posteridad, lo pongo ante notario, que es el único que da fe, al menos desde que la iglesia de la esquina cambió las velas de toda la vida por bombillitas a diez céntimos la plegaria. Será que la cera está cara, y los milagros hay que amortizarlos.

Pero que no me disperse, que este asunto es serio, así que déjame que me ria un rato. Principalmente de mi, que soy el protagonista de esta torpe historia. Y es que este guión comenzó hace tan poco, (si fue el día después de que acabara el pleistoceno) que aún tengo cuerda para rato, aunque creo recordar que nunca me di más de una semana.

No te fies, de todas formas, que mi cabeza no está para mucho esta noche, ya te dije que hoy no soy una buena persona. O no te lo dije, que las confesiones no son lo mio, ya sabes, siendo ateo y todo éso...

En fin, ya está dicho. Hoy es una de esas veces, así que no te acerques mucho.

Ahora sólo queda pedir perdón. Éso lo haré mañana, o mandaré un SMS. No sé.

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