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viernes, 27 de agosto de 2010

Será que me hago mayor

Será que me hago mayor, pero ahora que el niño duerme se me ablanda el corazón hasta el infinito y pienso que ya no tiene más allá este ahora. Cuando se despierte probablemente llore porque no es a mi a quien quiere ver cuando se despierta, sino a su madre. Da igual, éso es lo que debe ser, me digo, y ya sé cuánto me quiere cuando me reflejo en su mirada.

Será que me hago mayor, pero cuando le veo andar a esta personita pequeña y frágil, me siento orgulloso de ser una parte de él, o que él sea una parte mía. No quiero que se detenga el mundo en este presente, que sería aún así tan perfecto como lo deseo, sino que quiera que siga rodando, y seguir viendo andar y reir a este trozo de mi alma, aunque él se vaya haciendo más grande y yo termine por marchitarme.

Ser mayor hace tiempo que dejó de tener aquel misterio que revestía visto desde los ojos de alguien que no lo era. Seguiremos en esta rueda, pero no es buena ni mala, ni todo lo contrario. Es aquella en la que rodamos, y en este giro, hoy he visto el más allá, en el sueño de un niño.

Mi niño.

viernes, 13 de febrero de 2009

Nostalgia de la niñez

Hoy quiero volver a ser un niño, andar de la mano de mis padres, y balancearme mientras entre ambos me sujetan sin esfuerzo, yo con mi ropa de domingos, ellos con la sonrisa de fiesta. Quiero aprender, otra vez, a montar en bicicleta, y que mi madre sujete mi sillín y me prometa que no me va a soltar. Y que vuelva a soltarme. Quiero que, siempre ella, tiña de mercromina mis rodillas heridas de niño, mis codos, mi barbilla, que me consuele, que me limpie, que me peine, que seque mis lágrimas.

Quiero volver a pelear, en broma, con mi padre sobre la hierba verde y fresca del pasado. Quiero echar carreras con él en la playa, y que, otra vez, me deje ganar descaradamente. Quiero volver a comparar mi mano con la suya y comprobar que, aún y por siempre, es mucho más grande que la mía.

Hoy quiero retornar a la niñez, que mi madre me riña por no comerme la verdura, por correr y sudar, por mancharme, por mil pequeñas cosas, y que cuando llegue la noche, me cante aquellas canciones que nunca sonarán igual y, así, dormirme sin miedo a la oscuridad, y cuando me despierte, poder ir a su cama, acostarme entre mis padres, a salvo de todos los monstruos del otro lado del espejo, de todos los peligros y fantasmas que acosan la imaginación cuando el sol se oculta y aún eres un niño.

Hoy quiero volver a heredar la ropa de mis primos, vestir los pantalones cortos que nunca me gustaron, ir al cine con mi padre por las tardes si fuera sábado, con mi madre los domingos por la mañana. Gritar BIEEEEEEEENN cuando los payasos de la tele me pregunten cómo estoy, irme a la cama cuando la película tenga un rombo, cruzar la calle de la mano de mi padre y por el semáforo, pasarme el día en el suelo, amaestrando hormigas, capturando grillos.

Ahora que ya no puedo sentarme en las rodillas de nadie, ahora que ya no necesito que me expliquen otra vez de dónde vienen los niños, ahora que no me despierto con la misma ilusión el día de reyes, ahora que ya no me asusta mirar debajo de la cama cuando el sol se pone. Ahora que la nostalgia me ha invadido, ahora que mi alma se ha teñido de melancolía por un tiempo que se fue para siempre, ahora que sólo me consuela la ilusión de que nuestro pequeñajo sienta alguna vez esta añoranza, dentro de muchos años, y quiera recordar como hago yo ahora una época que tenía un color diferente, un olor, un sabor y un tacto distintos.

Si es así, si nuestro hijo recuerda su infancia con la mitad de esta triste alegría con la que recuerdo yo la mía, significará que no lo hicimos mal del todo. Entre tanto, déjame hundirme un poco en esta nostalgia, que ya después saldré a flote, y seguiré con mis sinsentidos.