sábado, 18 de abril de 2009

Una historia cualquiera.

Era un pueblo con mar, una noche después de un concierto...

Así comienza una de las mejores canciones de Sabina, y así podría comenzar una historia que escuché y que se quedó en mi memoria. Decía así:

La conocí una noche de borrachera, una de muchas, ella era mucho mayor que yo, pero éso es fácil cuando apenas habías cumplido los veinte años. De alguna forma perdí la pista de los compañeros de juerga y terminé, sin saber cómo, en un local a punto de cerrar. Conté el poco dinero que tenía y vi que aún tenía para una cerveza más. Al lado mía, sentada también en la barra, una mujer de ojos tristes y labios pintados de rojo buscaba en su bolso mientras que un cigarro colgaba de su boca. Le ofrecí fuego, y ella me sonrió. No tardamos mucho en compartir el tabaco, las copas y su cama...


A partir de aquel momento fueron muchas las noches que quedábamos para... iba a decir "hacer el amor", pero no sería verdad. Quedábamos para follar como posesos, o al menos, éso era lo único que a mi me interesaba de nuestra relación. Ella se entregaba con la pasión de un condenado a muerte que piensa que ésa es la última vez que rozará una piel distinta de la suya, y yo, bueno, ya he dicho que tenía veinte años y a esa edad se es inmortal y no hay límites para la curiosidad cuando ésta incluye dos cuerpos desnudos. El único problema que yo encontraba en lo que quiera que fuera que compartíamos, se reducía a que ella cada vez quería un poco más de aquello que yo no podía... perdón, otra vez miento, aquello que no tenía ganas de dar. Ella quería ir a cenar, quería que pasáramos algún fin de semana juntos en algún lugar alejado, los dos solitos, quería que paseáramos cogidos de la mano... en fin, todo lo que dos personas enamoradas suelen hacer. Así que pronto empezó a decir que estaba enamorada de mi. ¡Dios mío!, si yo sólo necesitaba estar una hora con ella, en su casa, o en una pensión, y lo demás me sobraba...

Aún así duramos un tiempo y aunque parezca extraño, nadie se enteró de lo nuestro. Pero antes de que cayeran las hojas del otoño por segunda vez, encontré otra chica, de mi misma edad. Y nuestros encuentros se fueron espaciando. Quizás debieran haberse acabado, pero yo no quería renunciar al sexo tórrido y sin responsabilidades que encontraba junto a ella. Puede que su cuerpo empezara a perder firmeza, que su pecho acusara la derrota de la edad, que tuviera que abusar del maquillaje para ocultar el paso del tiempo, sí, puede que todo éso fuera verdad, pero en la cama sabía satisfacer todos los apetitos y los deseos que a mi se me ocurrieran, y al final la balanza volvía al equilibrio. Y yo no quería rechazar ninguno de los dos mundos que ante mi se abrían: una relación romántica con una chica joven y guapa, y los encuentros furtivos con aquella mujer que me doblaba en años.


Recuerdo de aquella época unas palabras que por alguna razón no he conseguido olvidar. Después de haber rechazado ir a cenar con ella, como siempre hacía, y de haber acogido con silencios elocuentes sus "te quieros", me dijo: "Espero que alguna vez alguien te haga sufrir como tú me haces sufrir a mi". Pero aquellas palabras, que pueden parecer tan amargas, no llegaban a sonar con odio, ni con desprecio, ni siquiera con rencor. Lo decía como quien da por hecho que aquéllo era el destino y contra el destino no se puede luchar, y que hay cosas por las que todos tenemos que pasar para poder decir que hemos vivido.


Por fin mi relación con la otra chica empezó a hacerse más seria, y mis encuentros con mi amante otoñal se fueron espaciando mucho, hasta que dejó de llamarme, y yo a ella. Llegó un momento en que pensé que nunca más la vería... Pero no fue así, me quedaba una última vez.


El amor... yo no sé qué es el amor. Y cuando te digo éso no quiero que pienses que nunca lo he sentido. Lo que quiero decirte es que no sé definirlo con palabras, que el amor es muchas cosas. Amor puede ser alegría, y puede ser sufrimiento, a veces a un mismo tiempo, a veces sólo una de las dos cosas. Amor es lo que nos hace levantarnos cada mañana, y es el empujón final para afilar la navaja frente al espejo y tomar la decisión de cortarse las venas. Cuando mi nueva relación se acabó, el amor fue sufrimiento, dolor, traición, ira. Cuando aquella chica por la que hubiera dado todo decidió olvidarme y cambiarme por otro, como quien cambia de zapatos, el mundo se convirtió en un lugar inhóspito donde no era ya capaz de encontrarme, una alcantarilla de sentimientos. Todo se acaba, dicen, y ¿cómo iba a saberlo yo en aquel entonces?. Lo único que sentía era rabia, desesperanza, desolación...

Había pasado mucho tiempo, pero la volví a llamar. Ella había empezado una relación con alguien que le hacía feliz, o éso me dijo. Pero acudió a mi, con sus labios rojos y su cigarrillo. Aquella noche, en la habitación de la pensión, me vengué en su cuerpo de mi corazón roto. Aquella noche volqué toda mi rabia en ella. Aquella noche fue una noche para olvidar, porque las oscuras manchas que guardaba en mi alma habían salido a relucir. Se puede tener sexo con amor y sin amor, y ambos casos pueden llevarte al cielo o al infierno. Y también hay veces que el sexo se convierte en algo lúgubre y siniestro, y aquella noche fue tenebrosa como el averno en el que se había transformado mi espíritu. Lo peor de todo, ¿sabes?, fue que no quería darme cuenta. Y quizás nunca lo hubiera hecho de no ser porque la luz de la luna se filtró por entre las cortinas y vislumbré, a pesar de la oscuridad del cuarto, unas lágrimas en sus ojos...

Y ésas lágrimas las tengo grabadas a fuego en mi alma. No recuerdo qué nos dijimos, si es que hablamos algo. De camino a casa, ya a solas, creí escuchar unas campanas sonando en alguna iglesia, y recordé aquellas palabras que dieron título a la novela de Hemingway: "Nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti". De hecho, así podía ser. Aquella noche algo se había muerto en mi interior.

A ella, nunca más volví a verla. A veces pienso si será feliz, si seguirá con su pareja, si me recordará. Pero no podría volver a verla, sus lágrimas me mostraron cómo soy, y lo que vi no me gustó nada...

Y aquí terminó la historia que escuché una noche que pintaba como una canción de Sabina. No recuerdo cómo fue que yo estaba allí para escucharla, ni quién la contaba. O quizás es que me da miedo recordarlo, no sea que las palabras de esta historia hubieran salido de mis labios.

Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra.; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti. John Donne, Devotions Upon Emergent Occasions

Versión original en inglés:
No man is an island. entire of itself; every man is a piece of the continent, a part of the main; if a clod be washed away by the sea, Europe is the less, as well as if a promontory were, as well as if a manor of thy friend's or of thine own were; any man's death diminishes me, because I am involved in mankind, and therefore never send to know for whom the bell tolls; it tolls for thee.

15 comentarios:

  1. Que historia Gipsy,,que historia........
    Como tambien dice el maestro Sabina, parece sacada del bulevar de los sueños rotos..
    Y que dificiles somos las personas cuando nos empeñamos en amar....

    Gracias por tus palabras en la anterior entrada, esas son mi premio, el mejor premio que cualquiera pudiera recibir...
    Un abrazo amigo, nos vemos por el camino

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  2. Gipsy, Gipsy,Gipsy...qué decir.
    Sin palabras.
    Un fuerte abrazo.

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  3. Como tu dices eras muy joven, no puedo decir si experto o no, pero ya sabes que con la edad uno va ganando experiencia y conociendo los deseos de los demas, se hace experto de la vida, cuando eres joven , o no tan joven , uno desea descubrir,y cuando tiene un buen sexo con una mujer madura, se olvidan en ese momento si sus pechos no son tan turgentes como los de una jovencita de 20, y es que todo en esta vida no se puede tener y el paso de los años nos aporta mucho y nos quita tb algo.
    Ella casi seguro, necesitaba saber si todavia era atractiva para un "crio" y tu ....eso solo lo sabes tu. Estoy casi segura que esa mujer en el momento en el que follabais te hizo gozar y en cierta manera te entregó amor , mucho amor, el amor es tan dificil de entender de definir de marcar donde comienza y cuales son los limites de el mismo, cuando deja de serlo y se convierte en pasion, en morbo, en cariño... pero creo que en ese momento ella te dio mucho amor en sus caricias,

    Una entrada especial, de veras, y en cierta manera casi personal.

    Pero eso mi querido amigo me lo guardo para mi intimidad

    tal vez, algun dia escriba sobre algo similar que me paso a mi.

    besos muy dulces y te deseo un buen fin de semana ( no un buen finde... me suena a pijo) y yo no me considero asi.

    muuaksssssssss

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  4. Bufff, qué tristeza. La canción de Sabina siempre me lo ha parecido, al igual que ésta historia. Solo espero no tener que vivir nunca nada parecido.
    Y el prota... ya le vale!!!!!
    Besos y buen finde

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  5. Una historia triste. Amor y sexo. Una parte desprende amor la otra tan solo desea saciar sus apetitos. Al final todo se pone en su sitio como era de esperar.

    La verdad es que me ha conmovido esa historia.

    Un abrazo

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  6. Qué dolor en las lágrimas silenciosas... como sabiendo todas las respuestas.

    Jo, me has emocionado, Gipsy, no sé, pienso en la enorme soledad de esa mujer.

    Un beso enorme.

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  7. Me encanta como relataste esta historia tan tuya..con tu toque, tal y como eres tú, sin disfráz.. está claro que hay recuerdos que por mucho que pongamos empeño, son imposibles de olvidar.

    un beso guapo!.

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  8. Pues que lo sepas, me encanta Sabina, y tu historia, muchas gracias por compartirla.

    Niñooooo tenemos que juntarnos un día y hablar ja ja ja ja ja.

    Un besitoooo.

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  9. Loles: Desde luego que somos difíciles a la hora de amar, pero si todo fuera fácil ya le buscaríamos las vueltas.

    Carol: Espero que te deje sin palabras porque te ha gustado la historia :) ... muchos besos.

    Capri: Creo que tienes razón, es una entrada especial, bastante más larga y más trabajosa (para mi) de las que normalmente escribo... Feliz fin de semana a ti también!!

    Yedra: creo que es triste principalmente, y que el "prota", como le llamas, no merece mucha simpatía!!

    Paco: Me alegra que te haya conmovido, me ha costado escribirla, entre otras cosas porque no sabía si el "tono" estaba bien...

    Moony: Yo creo que lo importante de esta historia eran las lágrimas... Me alegro que te emocione!!

    Tormenta: Me alegra que me digas que tiene mi toque, porque a veces ni yo sé cuál es ;) Muchos besos!

    Ana: Me alegra que te guste la historia!! Y hablamos, claro que sí!!

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  10. Hola Gipsy. La historia es dura, se hace bonita al ser contada como la cuentas.
    Abrazos

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  11. Muy buen trabajo literario, si me permites seguiré haciendo camino por tus senderos de palabras.
    Saludos

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  12. Qué historia tan sobrecojedora. Impresionante. Un abrazo.

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  13. Qué decir ante una entrada tan llena de sentimientos, sensaciones y emociones?
    Tan sólo una cosa: Muy buena, imposible de calificar.

    Abrazos.

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