Mostrando entradas con la etiqueta escribir. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta escribir. Mostrar todas las entradas

martes, 27 de abril de 2010

Desde Berwyn, Pennsylvania...

En esta tierra los peatones le perdieron la batalla al automóvil - al carro que dicen los latinos y los hispanos, que vienen a ser lo mismo digo yo - hace tanto tiempo, que ya es difícil saber cuándo un pueblo es pueblo y cuando es sólo un centro comercial.

Me insiste Anaid (que tiene un nombre de ésos que hay que recordar y que harían santiguarse a más de una cristiana vieja en la España profunda.), que tengo que hablar de ella en este blog, de cuya existencia cometí el pecado de hablar. Y es que tanto tiempo de abandono y cuando me preguntan qué haces para pasar el rato mi respuesta siempre es: leer y escribir. Pero escribir, ¿qué?, ¿de qué van estas líneas a veces tiernas a veces estrambóticas?... Y ahí me paro, porque lo de exorcizar los demonios interiores tiene demasiados "palabros" de chulo de bibilioteca, que son los peores, te los encuentras en un pasillo entre la Historia y la Psicología y allí te asaltan y a la que te descuidas te han citado incluso a Kafka, que para ser judío y checoslovaco era tan raro como sus historias...

Anaid no sé si es judía, pero sí que no es checoslovaca, es de Puerto Rico y vive aquí en los Estados Unidos, que el fin de semana que viene para mi dejará de ser aquí para ser allí. Para ella será siendo el mismo adverbio, para que veas lo que es la vida y la gramática, y lo que vale un peine, que en cuanto nos metemos en viajes ya no sabe uno a cuánto está el dólar, pero que lo que es caro, lo sigue siendo en inglés y en castellano.

Me dice que tengo que llevar a mi morena de ojos a verdes a ver el New York. Yo tampoco es que me oponga. Nueva York tiene esa virtud de nunca cansarte de verla cuando eres un turista. Que cuando vives allí, digo yo que alguna vez uno tiene que hartarse de tanto rascacielos y tanto Central Park, y lo que quiere es irse a tomar unas cañas a un bar de pueblo... lo malo es que en estos pais te pasas un pueblo en menos que canta un gallo, con esta falta de aceras que tienen, que a ver si les donamos unas cuantas, que en la vieja España otra cosa no, pero aceras, para dar y regalar. Vamos, digo yo.

Anaid (os diré un secreto, su nombre es Diana al revés, ¿a qué no habíais caido?, si es que hay que contároslo todo...) me cuenta todo ésto en casa de los Green. Jorge y Amaya viven en Berwyn y nos dejan quedarnos con ellos en su casa, una casa de ésas que te cambian el color... a verde de envidia. Y que también quieren ser mencionados. Como si ésto fueran las noticias del corazón...

P.S.-Me dicen que ésto que he escrito es muy soso, que no hay juego de palabras, que otras veces lo hago mejor, y cuando amenazo con borrarlo me contestan que no, que ya que lo he escrito...

Consejo a los críticos: Por mucho que os digamos que nos digáis la verdad, lo que queremos es que nos mintáis, y que cada vez os esmeréis más en el cuento chino que nos tenéis que soltar para decirnos que qué bien y que gracioso, y qué sensible y todas esas milongas que nos encanta creernos... a ver que os habíais creído. Ya en el próximo me esforzaré más, que ser escritor de encargo trae estos inconvenientes...

domingo, 31 de mayo de 2009

Hablar de todo un mucho.

Hablo del amor como el que sabe de qué va esta historia, pero a mi que me registren, soy tan ignorante como siempre, en ésto, como en cualquier otra cosa.

Hablo de los recuerdos como el que ha vivido al límite, en el filo de la navaja y a un paso del abismo, pero tampoco ha sido para tanto, y en el camino probablemente hayan quedado más amigos que enemigos, más risas que lágrimas.

Hablo del tiempo que se escapa como aquél al que ya apenas le queda vida para echar la cuenta, sacar la balanza, y poco más. Pero espero que de ese tiempo escurridizo aún me quede para empezar de nuevo unas cuantas veces, porque pienso equivocarme cada cinco o seis pasos que de tropiezos tengo llena la agenda.

Así que quizás no debiera hablar tanto, o quizás no debiera hablar como lo hago... o tal vez sí, quién sabe, si resulta que las respuestas no las tiene nadie, que ni siquiera sabemos las preguntas. Entre tanto, y a falta de ese algo que se ha empeñado en ocultarse, seguiré hablando del amor, de los recuerdos, del tiempo, de las preguntas, de las respuestas, de las palabras, de la búsqueda. Y lo haré de la única forma que sé, como si las agujas del reloj se hubieran declarado en huelga y este instante fuera tan eterno como cuando tu mano recorre mi espalda y crees (sabes que no) estoy dormido.

Por lo menos hoy, que mañana será otro día y a saber con qué me sorprendo, que me dejé la agenda en el pupitre y el futuro se ha quedado parado en una hoja del cuaderno. En la misma hoja donde pinté un corazón con tu nombre.

jueves, 14 de mayo de 2009

¿Qué busco?

Caigo como cada noche rendido al sueño, pero sigo negándome a claudicar. Si no tuviera estas líneas donde desertar de esta guerra injusta en que se ha convertido el cada día, dime tú que haría, acaso vagabundear buscando el reflejo de la luna en algún cristal. O perdido en la marea de un bar cualquiera, mirando alrededor sin comprender, pensando demasiado.

La mañana hace mucho que empieza temprano, y quisiera a veces un poco de tiempo para descansar entre las sábanas, y saltarme el desayuno, pero ya no depende de mi y me tengo que acostumbrar mal que me pese. Y no me quejo más de lo necesario.

Ahora es para siempre, pero durará lo que la publicidad. Mañana vendrá arrasando y me traerá otros dolores de cabeza, que me estoy haciendo adicto al paracetamol, yo que ya no bebo alcohol, y aquí me ves, dejando los vicios desordenadamente.

Los sueños se me mezclan en la mañana, y no siempre sé si es mío o me meti de hurtadillas en el de otro. Pero deben ser míos porque me dejan el sabor amargo de la decepción, y mi boca los reconoce de pura costumbre.

¿Y esta forma de escribir que tengo, párrafos cortos, dos o tres frases sin demasiado sentido, a qué viene? Si yo quiero escribir con la sencillez de un hombre noble y cabal, y no enredarme tanto en ironías, pero es así como me salen las palabras, será que de fútbol no entiendo y que tengo más de plebeyo que de otra cosa, y ya se sabe, hay que enrollarse para aprobar el exámen y que no se note que no has estudiado, que estuviste de farra y volviste a casa sólo a por la guitarra. Pero éso era antes. Ahora sólo me han quedado estas líneas fugitivas.


Cuéntame entonces, tú, que sólo ves esta parte de mi. Cuéntame qué ves, y así me ayudarás a hacerme una idea de lo que estoy buscando y que no encuentro.

Si ni siquiera sé si estoy buscando o ya me di por vencido...

lunes, 4 de mayo de 2009

Miento si te digo la verdad.

No puedo mentir cuando escribo, porque no concibo otra forma de desnudar mi alma. Pero las palabras son actores en una tragicomedia, y a veces se me escapan sin aprenderse el guión. Si las escribo, aquí se quedarán hasta el fin de los tiempos o hasta que se pierdan en el olvido. Como si fuera grabado en piedra, o en oro, como la fecha de caducidad de mi anillo (¿o era el día de nuestra boda?).

Pero entonces, dime, ¿por qué te juro que te quiero por encima de todo, en estas mismas líneas, y después te pongo mala cara por una tontería? Además de porque soy un imbécil, claro, pero éso quedó muy claro desde nuestra primera cita. Y en la segunda también, y bueno, ya sabes que perdí la cuenta porque la calculadora se quedó sin pilas y las veces que soy un imbécil son muchas más de las que recuerdo.

Te quiero, incluso a pesar de todo. Y me preguntas que qué quiere decir éso y yo no lo tengo tan claro, pero sé que es la verdad. Me podría lanzar a adivinar una explicación, pero es mejor que nos quede la duda, no vaya a ser.

Así que no mentiré, sólo disfrazaré un poco esta vida con un par de trapos viejos, y a pesar de saberme ya casi de memoria, intentaré sorprenderme y sorprenderte. Aunque seamos francos: ya no me lees y escribo más por mi que por ti, igual me sirve de terapia para lo que sea que me pasa. A ver si voy a tener algo malo (además de un reflejo de señor mayor en el espejo).

No te voy a escribir sonetos, que a mi sólo me salen pareados, pero te prometo llenar esto de palabras que no leerás. Unas veces serán mejores, otras serán como las de hoy. Si ni siquiera tienes que fingir que me lees. Con que te imagine ya me basta.

sábado, 31 de enero de 2009

Hoy tampoco escribo.

Hoy tampoco escribo, pero si lo hiciera, hablaría de tus labios dulces, fresas con azúcar, y de tus ojos verdes donde se pierde mi templanza. Pero no, hoy no escribo, y no te diré cómo muero cada día en tus besos, y cómo vuelvo a la vida cuando tropiezo, cada mañana, con tu mirada. No puedo decirtelo, porque hoy tampoco escribo.

Si cambiara de opinión y escribiera (pero no lo voy a hacer, desengáñate) probablemente te contara del perfume que acompaña a tu cuello, de la redondez y la tersura de tu pecho, del negro de tu pelo, del suave tacto de tu piel entera. Pero no cambiaré de opinión, y sé que es una pena, porque no podré decirtelo, que hoy tampoco escribo.

Si acaso, al final, escribiera, me enredaría en contarte cómo me haces sentir un hombre, cómo me reconviertes en persona, cómo cambias mi existencia cuando tú y yo nos emparejamos. Pero no escribo hoy tampoco, éso tenlo claro, y no podré contarte, entonces, todas estas cosas que te digo.

Hoy no escribo, y no te comentaré, ni te susurraré, ni te gritaré, ni te volveré la cabeza loca. Hoy no escribo, y no dejaré salir mis fantasmas de paseo, y no verteré mis miedos y mis alegrías en estas palabras tan maltrechas, en estas frases de saldo, en estas letras manoseadas y mojadas por la lluvia.

Hoy tampoco escribo, pero mañana será otro día.

jueves, 29 de enero de 2009

Hoy no escribo

Hoy no escribo porque no me da la gana. Da igual lo que insistas, hoy mis dedos están en huelga, y ya puedes llorar, reir o suplicar que no pienso dejar escapar ni una palabra. Y no por nada, sino porque no quiero. Dicho queda, y ya sabes que no me gusta repetirme. Ojo, que digo que no me gusta repetirme, no que no lo haga.

Y no me da la gana de escribir, y que no te voy a dar más explicaciones, o qué pasa ahora, que todo lo tengo que justificar o qué. Si digo que no es que no, y ya sabes que yo no cambio de opinión así porque sí, que algo muy fuerte tiene que pasar para que de marcha atrás. Bueno, realmente, vamos a ver, la verdad, es que tampoco es que tenga que tan, tan, tan fuerte no tiene porque ser, o sea, a ver si me entiendes, que errare humanum est, y que si uno tiene que decir digo donde dijo Diego, o al revés, pues qué se le va a hacer, y pelillos a la mar. Pero vamos, que yo por las buenas, vale, pero por las malas... uy por las malas...

Pero que ahora no, que ni por las buenas ni por las peores, que no pienso escribir, y que si no te gusta pues te aguantas, bebe agua, o tú verás. A ver si al final la vamos a tener. Mira que si al final la vamos a tener...

Hoy no escribo, así que no sé qué haces ahí leyendo, pero ¿es que no ves que aquí no hay nada? Que no he escrito nada, que no hay nada que ver aquí, circulen, señores, circulen... A lo mejor es que no lo he dejado claro, pero vamos, que yo creo que está meridiano: QUE HOY NO ESCRIBO. En fin, ya está dicho bien alto, así que después no vengais con quejas, que ésas al maestro armero, que uno no está para tonterías, y el que quiera perder el tiempo que lo pierda, por mi, ya ves, como si me importara mucho.

Pero ¿es que no ves que aquí no hay nadie, que están todas las luces apagadas y no queda ni el tato? Vete ya de una vez, que nos van a dar las uvas y aquí no se ha escrito ni una palabra, que también son ganas de perder el tiempo, será que sobra, tiene huevos la cosa. Y oye, chulerías no, un respeto, y una educación. QUE HOY NO ESCRIBO, QUE HOY NO ESCRIBO. No, si dan ganas de soltar un improperio, pero para algo uno tiene una clase. Es que donde hay, pues algo queda, y el que tuvo retuvo, y el resto de refranes que vengan a cuento. En fin, vete ya a tu casa, niña, que hoy aquí no se escribe nada y ya es muy tarde.

Nada, que no hay manera.